Teoría de los Estados Federales

No todos los Estados Federales son iguales, dependen en gran parte de su grado de descentralización. Hay Estados más federalizados y otros tantos menos, por ejemplo, en Estados Unidos, cada uno de los Estados que lo componen tienen sus propias leyes, regidos por una ley Nacional, hay Estados en los cuales es permitida la pena de muerte y otros que no, esto responde a un simple factor, la historia.

 

La historia de los Estados Unidos es relativamente simple, pueblos echados de sus tierras en Inglaterra, de diferentes religiones y diferentes modos de vida que se fueron acomodando en colonias en América, cada una respetando sus propias leyes y sus espacios, eventualmente uniéndose con un fin en común y eventualmente peleándose  en su afán de tener mayores porciones de tierra. Con el tiempo, la inmigración sería de todas partes del mundo, pero siempre adaptándose a las reglas ya preestablecidas.

El caso Argentino es bastante distinto, colonias españolas que vinieron a estas tierras con el único fin de enriquecer al país del cual provenían, hasta que bueno, encontraron una buena excusa para enriquecerse ellos mismos y no deberle nada a ninguna Corona. La federalización Argentina es menos entendible, ya que no eran distintas religiones o distintas etnias, sin embargo, entre tantas idas y vueltas, se decidió que lo mejor era mantener un país federalizado. La única explicación que le encuentro a esto es extremadamente simple, nadie quería ceder poder y todos entendían que tenían fines comunes y debían unirse en la república que hoy poseemos.

 

En este contexto, tampoco es de extrañar que en Argentina, exista un único código penal, un único código civil, una única Constitución Nacional, aunque las provincias establezcan sus propias constituciones, siempre subordinadas al poder central. Las diferencias de la gente "que importaba" en esa época, no eran muchas, simplemente no querían ceder poder.

 

Con el tiempo y oleadas de inmigración, obviamente, las cosas se modificaron un poco también, pero siempre, el que viene, es el que se acopla a la cultura del lugar, es raro que una cultura sea tan poco fuerte como para que esto no sea así. Alguna vez escuché la frase "Trae a un Suizo un día a Argentina y va a seguir siendo suizo, dejalo un mes y va a pasar a ser un Argentino más" y es la realidad, por lo menos, es la realidad de la Capital Federal y gran parte de la provincia de Buenos Aires.

 

¿A qué voy con todo esto? Simplemente a establecer un punto de inicio de porque las cosas son como son y no como deberían ser.

Supongamos que borramos toda la historia, supongamos que hoy nos dan la llave de una Argentina nueva, con población, con sus espacios ya delimitados y lo único que nos piden es que llenemos los cargos de Intendentes, Gobernadores, legisladores y Presidenciales, sin importar la historia, sin la "mala" prensa que se le genera a los cargos políticos y solamente sabiendo la reputación de las personas, ¿A quién eligiríamos para cada cargo?

 

Para ocupar las intendencias se requerirían personas que hicieran, no necesariamente necesitarían saber mucho de leyes ni ser letrados, simplemente tendrían que poseer una habilidad especial para encontrar los problemas cotidianos que atosigan a los habitantes  y buscar la forma de resolverlos, ya sea mediante el manejo y control de empresas proveedoras o bien, sus propios esfuerzos, pero es clave, para un cargo de intendente o Jefe de Gobierno, pensar soluciones y ponerlas en marcha.

 

Esta habilidad es un poco menos necesaria en un cargo más alto, a un Gobernador, que vendría a ser una línea media en un cargo pseudo-gerencial, no se le puede exigir que sea el que haga, está un poco más allá de eso, sin embargo, si debería poder establecer un marco jurídico para las intendencias que a él corresponda controlar, por ejemplo, podría dictar leyes de como se debe pedir una licitación y de los controles que son necesarios para efectuarla, también, debería poseer cierto grado de carisma y lograr siempre poseer un trato más o menos bueno con el poder central y el del resto de los Gobernadores. Si bien, sería más respetado un Gobernador Líder, capaz de meterse en los problemas de la población y ayudar desde su lugar a resolver los mismos, no es requisito excluyente, con ser un buen Jefe, alcanzaría para que fuera considerado un buen Gobernador.

 

El Presidente tendría que ser una persona extremadamente carismática, capaz de llamar la atención de la mayor parte de la población y sus habilidades deberían ser exclusivamente jurídicas y económicas, ya que establecería el marco legal por el cual se regularían los gobiernos inferiores y todos los habitantes del país, obviamente, un buen presidente debería tener características un poco sobre-humanas en cuanto a la moral y la justicia, pero no necesariamente tendría que ser esa persona que se ensucie las manos.

 

Los poderes legislativos, a mi entender, los cargos más importantes y más complicados de llenar por la cantidad de personas requeridas, deberían poseer gente con un sentido de la moralidad extraordinario, capaces de ser independientes al poder central de turno y juzgando, para bien o para mal, todos los actos con los cuales no estuvieran de acuerdo, deberían poseer más cualidades que todos los anteriores, ya que no solamente necesitarían del afán de resolver problemas, sino que también deberían poseer habilidades jurídicas para establecer las leyes.

 

El poder judicial debería ser 100% indiferente a todo lo anterior, juzgar en base a las leyes dictadas por los demás poderes, sin reconocer ningún "título de nobleza" ni amiguismos.

 

Por último, hay que tener en cuenta también el hecho de que por más que alguien sea muy buen intendente, no necesariamente posee las habilidades necesarias para ser Presidente, y juzgar a una persona en base a su actuación anterior para un cargo superior, es el peor error que solemos cometer, la única habilidad que es fundamental en todos los cargos, es el sentido de moralidad, pero en este "país perfecto" se daría por sentado que todos los que están ocupando sus puestos, lo poseen.

 

 

 

Ahora, ¿Por qué esto no funciona así? Simplemente porque este planteo no reconocería demás factores básicos de la política, como son los partidos políticos, las votaciones populares, los poderes centrales, los poderes periféricos, los grupos de poder y, ni siquiera, las relaciones entre los seres humanos.

 

Ya de por sí es muy raro que alguien llegue a gobernador sin haber pasado antes, aunque sea, por alguna intendencia u otro poder, también, es extraño que alguien llegue a ser presidente sin haber pasado por una gobernación. La votación popular no admite una lógica única, ni siquiera una lógica concreta, se vota en base a lo que se espera de la persona en el poder, su carisma, y no en base a una demostración comprobada de su habilidad para dicha tarea. También, la oferta de candidatos capaces de legitimar poder es bastante acotada y aportada pura y exclusivamente por los partidos políticos, y aunque se pudiera postular cualquier persona a un cargo, sin apoyo popular, iría directo a un abismo, de hecho, es comprobable que sin apoyo de ciertos grupos de poder, su gobierno no sería capaz de sostener un esquema, cualquiera sea este. Por otro lado, si, como dije antes, se necesita apoyo, ese apoyo, casi indiscutiblemente, necesitaría ser compensado una vez alcanzado el objetivo, con lo cual, antes de asumir una posición de poder, ya estaríamos debiéndole algo a  alguien, y por consiguiente, nuestra objetividad sería limitada en ciertos aspectos. Sin contar además el hecho de que rara vez una persona puede cumplir con todas las habilidades que requiere el cargo al cual se está postulando, en general, se suelen utilizar técnicas para hacer pensar a la población que la persona está capacitada para ejercer el puesto, sin una comprobación empírica de esto y también se suele intentar borrar marcas que cuestionen el sentido de moralidad de la persona postulada.

 

Por último, los poderes legislativos, en general, responden a algún poder en particular, si este es el poder oficialista, los más probable es que los legisladores no decidan en base a su propio sentido de la moralidad, sino que lo hagan en base a una orden dictada desde "más arriba".

 

Por eso es tan importante entender lo que se está haciendo cuando se vota, cuando votamos, estamos decidiendo quien queremos que ejerza el poder y de qué manera queremos que lo haga, por ejemplo, si votamos a favor de una persona para ser presidente, a menos que tengamos plena confianza de que lo que va a ser, para nosotros, es lo moralmente correcto, lo ideal sería votar a una oposición en el poder legislativo, poniéndole así un freno a sus desmanes. Por otro lado, la gente suele preferir a una persona capaz de lidiar con los poderes periféricos que a una persona con una reputación intachable, y en general, estas dos características, por lo menos para los cargos presidenciales, no suelen ir de la mano. El poder corrompe y no suele ser lo habitual que una persona con capacidad demostrable de lidiar con los grupos de poder más terroríficos, esté exento de esto (Hay pocos presidentes que considero que sin necesidad de corromperse entendieron este factor determinante, en su mayoría radicales y, a muchos de ellos, los obligaron a retirarse del poder por no ser funcionales a este hecho).

 

Si pensamos en el Estado ficticio que se plantea en este texto, podemos inferir quien podría ser la persona más capacitada a ocupar un cargo político, sin embargo, cuanto más cerca de la realidad lo contemplamos, esto se vuelve más difícil de llevar a la práctica aunque no deje de ser una buena referencia.  

 

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