La historia como regulador social

Históricamente hablando, cuando la fe estuvo por sobre la razón, no hubo progreso.

Hasta el día de hoy, en los libros de historia, se concibe este concepto en base a la fe religiosa, donde los cuestionamientos a ciertos aspectos de esas creencias estaban prohibidos. Igualmente, sin perjuicio de esto, la religión tiene su aspecto virtuoso si se quiere y es que es un gran organizador de la sociedad, si no se cuestiona, no hay porque cuestionar los desbalances que existen, el señor feudal es señor feudal porque Dios así lo quiso, la rebelión no es una opción porque va en contra de lo que Dios quiere y así podemos seguir hasta la eternidad con un sinfín de ejemplos.

Hoy esto cambió, en algunos de esos lapsus donde una parte de la humanidad decidió salir de la caja en la que estaban encerrados y empezar a cuestionar, hubo algunos genios a los que se les ocurrió reemplazar la religión por la ley, la monarquía por la democracia, el concepto de los tres poderes que se controlan entre sí para que no exista un abuso de los mismos y otras miles de ideas que nos hicieron llegar a la modernidad y no quedarnos en la edad media. Es indiscutible que pasamos a una forma de organización social más equilibrada (O por lo menos, que dio más lugar al equilibrio con el tiempo), pero no por eso más igualitaria en términos reales entre la cantidad de gente que habita el mundo y la concentración de la riqueza.

La religión pasó a un segundo plano, dejó de ser el organizador fundamental de la sociedad, la ley y la educación la sustituyeron bajo la idea de que una persona educada es libre siempre y cuando respete los límites que la ley establece lo cual, aparentemente, es lógico. Con esto la organización se soluciona pero falta algo, algo que sesgue en algún punto la razón y mantenga ese balance desigual en la conformación de la sociedad, y que mejor que inculcar ese algo en la formación de los ciudadanos, independientemente de la religión que profese cada uno, todos en nuestra formación tocamos por lo menos un libro de historia.

La historia se imparte de la misma manera en toda una región, esa historia hace que nos sintamos parte de una nación, que por vivir en determinado lugar tenemos un pasado en común y un presente con el que lidiar todos juntos y no está mal que esto sea así, en definitiva, si el barco se hunde, nos hundimos todos juntos con él. Lo que sí está mal es el sesgo informativo que los libros de historia contienen para que pensemos que la verdad es una, donde la culpa la tuvo alguien, los demás fueron buenos, otros no tuvieron nada que ver, cuando la realidad es otra y es muchísimo más compleja que la que nos enseñaron. Basta con escuchar testimonios, si ya no los hay, con leer otros libros que no sean los estipulados por la educación media, con ver documentales, basta con abrir apenas un poco más la cabeza para darse cuenta de que esto es así, de que la realidad no es la que nos enseñan, que la realidad es otra y en general bastante más compleja, que los nombres que aparecen en el libro no son los únicos que había, que hay agentes económicos que jugaron a favor y en contra de los sucesos, que hay nombres y apellidos a los que se los libra de culpa y cargo cuando en realidad, son más culpables que muchos otros.

Es verdad que la educación nos hace libres, las personas más educadas justamente, son las más conservadoras en los temas sensibles para la sociedad, no por falta de conocimiento al respecto, sino porque entiendo que si dicen lo que la razón les indica que digan, van a ser condenadas por una minoría que va a terminar formando la opinión de una mayoría.
Esa mayoría que compró lo que el libro de historia que leyeron en la secundaria decía, esa mayoría que no decidió investigar cuanto de todo lo que habían leído era cierto, esa mayoría que decidió escuchar algunas voces de la sociedad y no toda la verdad, esa mayoría que no razona y espera que le digan como pensar, esa mayoría que mal que bien, se comporta como las personas religiosas de la edad media, compran mitos y verdades parciales, creen que hubo buenos y malos en una sociedad donde hubo de todo, justifican desaciertos y fraudes del presente en base a reivindicaciones del pasado y, en definitiva, hacen que nuestra sociedad no progrese.

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