La generación perdida

Publicado por agustinnb en

Hace tiempo que vengo queriendo escribir sobre esto, aunque entiendo que es polémico y, si se quiere, políticamente incorrecto.

Muchas veces, decidimos dejar en el recuerdo situaciones que no nos hicieron bien, como si nunca hubieran pasado, sin entender que eso que pasó, probablemente marque fuertemente nuestros años venideros. Esto no se limita a una situación particular y personal, sino que también esta misma lógica se aplica a un inconsciente colectivo, al de una población, por ejemplo.

Hay muchos problemas en Argentina, pobreza, hambre, falta de solidaridad, falta de educación, un PBI estancado, ajustes que sólo sirven para disminuir la clase media, políticos corruptos, ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres… Y, si bien entiendo que son problemas transversales y multidimensionales, muchas veces, resumo esos problemas con una sola conclusión… Y esa conclusión es la generación perdida.

 

Afrontemoslo, hay una o dos generaciones en nuestro país que fallaron. Fallaron en demostrarle a las generaciones siguientes que el esfuerzo genera progreso, fallaron en demostrar que es más importante lo que uno puede brindar a su país que lo que el país le brinda a uno, fallaron en gobernar para todos y fallaron en solucionar problemas estructurales, de hecho, los agravaron con el tiempo, imponiendole la culpa a algunos de esos sectores de la generación perdida, sin entender que fueron todos, ya sea por omisión o negación.

 

No es muy difícil de ver, mi abuelo, mi bisabuelo, se esforzaron, trabajaron, crecieron personalmente, crecieron económicamente y lograron una mejor calidad de vida. No pasa lo mismo con las generaciones siguientes, no por falta de esfuerzo, diría que fue el mismo o mayor, sino, por lo que creo yo que fue el vestigio de el Proceso de Reorganización Nacional, dictadura que duró 7 años, dejó miles de muertos y una generación temerosa. Temerosa a los cambios, temerosa a la política. Una generación que no se involucra, sólo ve como aplastan sus derechos mientras ellos siguen cual caballo con montura, mirando hacia adelante con los ojos tapados a los costados.

 

Tampoco es difícil de entender, el que hacía política, desaparecía. Al día de hoy se preocupan por un eventual regreso de las botas. Al día de hoy agachan la cabeza cuando se les vulneran sus derechos. Y esos miedos se transmiten, esos miedos se sienten, por más que (por suerte) las generaciones siguientes sean más progresistas.

 

Resisten cualquier tipo de cambio real, ya sea la autoridad que posee una mujer para decidir sobre su propio cuerpo o una modificación de los protocolos en los sistemas educativos.

 

¿Por qué? Porque eso es cosa de los temerarios políticos y los sindicalistas matones, no entienden que tanto los políticos como los sindicalistas son (O deberían ser) elegidos por ellos mismos, mientras tanto, sus hijos reciben una educación académica de cuarta, porque realmente, ni a los políticos, ni a los sindicalistas les importa. Los primeros mandan a los hijos a colegios privados que la mayor parte de la población no puede pagar y los segundos, también.

Sobre el debate del aborto, diría que hasta la justificación es graciosa. Primero, que eran pocos abortos y no se justificaba, cuando se aclaró que esto no era así, porque el feto es una vida, cuando se aclaró que el espermatozoide y el óvulo también son organismos vivos y eso no los convierte en “vida humana”, empezaron con el presupuesto y los gastos que afrontaría el Estado que saldría de sus impuestos, cuando se aclaró que hoy el Estado gasta más de lo que gastaría si fuera legal, seguro y gratuito, PORQUE NO Y PUNTO.

 

En este último caso se ve claro, es muy difícil progresar en el mismo país de la generación perdida, cada vez se gana menos por las mismas tareas, cada vez hay más impuestos para sostener un Estado insostenible que un sector de esa generación creó, los gremios sólo discuten cuanto van a cobrar, no hay una planificación educativa porque tanto los sindicalistas, como los maestros, como los políticos están cómodos como están y los padres, que son los que deberían quejarse porque sus hijos son los que reciben una peor educación, simplemente no lo hacen.

 

No es raro ver como todo el de mi generación con alguna mediana educación, que cree que puede vivir mejor en otro país, se va, así como pasó con la generación anterior, y la anterior. La famosa “fuga de cerebros”, como si fuera algo mágico, como si se escaparan de algo que no podemos entender, una realidad que ellos entienden mala y sin ningún animo de cambiar.

 

Esa realidad, por mucho que duela y les pese, son ustedes, la generación perdida, la generación que gobierna este país desde finales de los 80 (Y algunos aspectos del gobierno desde antes), la generación que le dió poder a los sindicalistas sólo a los fines de obtener un mejor salario y no a los fines de mejorar los procedimientos, la generación que vivió viendo injusticias y sólo atinó a quedarse callada.